Sigo creciendo... sobre todo engordo. En esta última etapa es cuando gano más peso. Puedo llegar a pesar 2,5 kilos al final de este mes y ya mido cerca de 40 centímetros. También acumulo una grasa bajo la piel que me ayuda a mantener la temperatura. Y me favorece mucho... me da un aspecto más parecido a la de un auténtico bebé.
Quizás... tenga una gran mata de pelo en la cabeza o puede que no. En cualquier caso, ya comproborás cómo es mi cabello en mi primer año de vida. Muchas veces el cabello con el que se nace se cae y aparece nuevo pelo de color y textura totalmente distintos.
Si soy un niño, mis testículos ya habrán descendido, aunque a veces esto no ocurre hasta el final del embarazo. ¡Y os lleváis la sorpresa al final!
Ya ... casi no me puedo mover. Cada vez estoy más apretado y te presiono por todas partes: el diafragma, la pelvis, la espalda, ... Ya me he colocado en posición cefálica, con la cabeza hacia abajo. Me estoy preparando para salir. Podría sobrevivir fuera pero es mejor no nacer todavía. A mis pulmones todavía les falta un poco para estar listos.
El desarrollo del feto en el octavo mes de embarazo
En cuanto a tí mamá... vuelven las incomodidades. A veces te cuesta respirar porque te presiono el diafragma con el culete. No duermes bien porque no encuentras una postura cómoda y porque te levantas veinte veces al baño. Otra vez te ? estoy presionando la vejiga. ¡Es que aquí no hay sitio! En fin, han vuelto el cansancio y las molestias.
Conviene... que descanses un rato todos los días con los pies en alto si se te hinchan los tobillos. Trata también de evitar la sal, practica algo de ejercicio (nadar, caminar) y bebe mucha agua. En contra de lo que se piensa es lo mejor para combatir la retención de líquidos.
No olvides... tu visita al ginecólogo. Esta vez, además de los controles habituales, te mirará especialmente la tensión arterial. Si las cifras son muy altas, puede ser una señal de preeclampsia, un tipo de hipertensión arterial del embarazo. Esta complicación afecta a muy pocas embarazadas. Con unos cuidados prenatales adecuados, se detecta y se trata con éxito casi siempre en sus inicios.
Y tú, papá... insiste en que mamá descanse todos los días. Su vientre ya está muy abultado y se fatiga. Dale un pequeño masaje para aliviarle el dolor de espalda. Ayúdale a preparar mi ropa y mi habitación. ¡Seguro que es muy bonita! ¿Será sólo para mí o la tendré que compartir con algún hermanito? ¡Qué bien tener ya compañía de mi edad! Supongo, que si tengo hermanos, os darán también bastante trabajo. Ocúpate tú un poco más de ellos para que mamá me pueda dedicar a mí más tiempo...
